domingo, 4 de abril de 2010

SIMPLICIDAD

El oficial primero Ramírez limpiaba exhaustivamente su arma. Nadie podía decir que descuidaba sus deberes y obligaciones. Lo que pocos sabían es que su cerebro enhebraba razonamientos infinitos mientras su exterior permanecía inalterable.
Gabriela preparaba sus maletas en la habitación. Pétreo su rostro y su decisión: habría un río más ancho que el De La Plata entre los dos. Uniría las piezas de su rompecabezas personal en un sitio donde el espanto no tendría cabida. Mucho menos el sufrimiento.
Rumiaba como letanía inmisericorde “la simplicidad no es tarea simple. La ensuciamos con ruidos, interferencias, presagios, remordimientos. Confusión y parálisis dominan el escenario. Lo superfluo invade como la plaga en el sembradío, agotamos fuerzas en lo colateral, desgranando dolores y desgastando el impulso vital. Permanecer en letargo con la llaga abierta en la garganta, amordazada la alegría, los pies sin danza, vacuidad en la mirada.
No demores. Lo obvio se desvanece en esa niebla.
No demores. El tiempo no espera.”
Tampoco Ramírez. Un único disparo alojó la bala entre los ojos de la mujer. Simplemente.

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