viernes, 17 de septiembre de 2010

LA DOMA

Las neuronas del cuentista literalmente se burlaban de el. Bailaban la danza del olvido sobre la laguna del desierto, a más de confundir vocablos e imágenes en cámara lenta que se negaban terminantemente a coincidir en secuencia. Cual zombi fue hacia el equipo de audio, colocó el CD de ACDC en potencia máxima. Bailó moviendo los brazos como aspas, elevando las piernas como si las impulsaran los hilos de un titiritero, sacudiendo la cabeza de manera frenética. No importa saber si el cuento elaborado en el túnel del movimiento voluntario fue lo mejor que escribió en su vida. Lo que es imprescindible saber es que cada giro violento de su cabeza enlazaba letras con conceptos, imágenes con descripciones, música con cadencia, recuerdos con imaginación transformadora.
Después de ello, desenchufó el audio y se tendió en el sofá. Cerró los ojos y como tetris virtual, se concentró en ir haciendo coincidir los bloques de distinta forma de tal manera que encajaran a la perfección. Con el tetris resuelto en su cerebro, ordenó a las palabras su traducción inmediata.
Ese cuento, “El Sacudón” fue el más elogiado por la crítica y el más recordado entre los lectores del escritor domador de neuronas.

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