sábado, 21 de agosto de 2010

TIEMPOS DE JUEGOS (SI SUPIERAS LO QUE PIENSO) MIGUEL DORELO Y PÍA DANIELSEN

TIEMPO DE JUEGOS        Miguel Angel Dorelo y María Pía Danielsen

Él regresa a su casa a esa hora en que la luz del sol se retira lentamente y otras empiezan a encenderse tratando vanamente de imitarla.
Saluda a su esposa y a sus hijos, acaricia al gato.
—Amor, ya llegué, me ducho y cenamos.
—Dale, querido, preparé milanesas.
Toma dos mates antes de pasar por la ducha y de acostarse un rato antes de cenar. Apenas apoya la cabeza en la almohada comienza a imaginarse el fin de semana y un nuevo encuentro con ella. El sonido del motor de la heladera al arrancar le recuerda donde está.
Ella está sola desde hace ya un tiempo. Como casi todas las horas que pasa en su departamento. Prende la tele para no pensar demasiado. Es Jueves, y en algo así como cuarenta y ocho horas él llamará por el portero, dirá soy yo como si existiese la posibilidad de que no lo sea. Y luego el primer beso, después un mutuo como andás; evitando a toda costa referencias dolorosas a hogares actuales y pasados. Después un par de horas para el amor o algo que se le parece, otra hora para un capuchino y los reproches de siempre, mañana le cuento todo y me vengo para acá, siempre decís lo mismo, es que pienso en los chicos, y el andáte por favor final.
Luego, como todas las semanas de los últimos siete meses, se activarán los mecanismos de defensa.
Él, hará el asado dominguero y dormirá la siesta antes de ponerse a mirar el partido. Si los chicos se duermen temprano, tratará de evitar a su mujer, aplazando por enésima vez la confesión redentora que lo convierta de nuevo en hombre.
Ella, se levantará temprano y mal dormida. No podrá evitar el llanto al lavar las dos tazas con los restos de café sabiendo que una sobrará al prepararse el desayuno. Juntará coraje y llamará a alguna compañera del trabajo para que la acompañe esa tarde al cine.
Los putos domingos deberían durar mucho menos.
Por suerte el sueño acumulado le alcanzará justo para llegar a la tabla salvadora del lunes y la rutina oficinesca.
Y el miércoles a más tardar, aunque él no lo haya hecho antes, ella lo llamará y tan solo dirá te espero el sábado y colgará enseguida, no deseando escuchar su voz para aliviar aunque sea en algo el dolor.
Y la rueda seguirá girando casi infinitamente, hasta que alguno de los dos, o ambos, decidan que ya no es tiempo de juegos.


SI SUPIERAS LO QUE PIENSO… (EL OTRO LADO DEL JUEGO) María Pía Danielsen y Miguel Dorelo

—Amor, ya llegué, me ducho y cenamos. Llego a esta casa de mierda y empiezo a extrañarla, carajo.
Apenas traspone la entrada escucha la voz de su mujer, esa que ya no soporta — Dale, querido; preparé milanesas. Las compré, en realidad, Ya ni recuerdo que alguna vez me gustó cocinar para vos. Si supieras que recién llego... El after office estuvo buenísimo.
Él ni siquiera sospecha que la aversión sea mutua. Y es el comienzo de la farsa cotidiana ¡Luz, cámara, acción! Actúen, actúen; el público está atento, manténganlos firmes en sus butacas, deslícenlos lentamente hacia un bonito happy end, será un éxito de taquilla. A lo mejor, quién les dice, hasta ganan un Oscar.
— ¿Alguna novedad? ¿Todo bien en el trabajo?
—Tranquilo, nada fuera de lo habitual. Porque ya es habitual hablar con Martín en el bar y me tranquiliza saber que le gusto tanto.
—Buena la comida, ¡Muy interesante este documental de Discovery Channel!
Por Dios, la ducha no me quitó su olor, tengo ese aroma incrustado en los huesos. Todavía estoy mareado, imposible tragar la comida, ¡quiero salir urgente de esta casa!
—Aja, si muy instructivo. ¿Vas a caminar, te espero en la cama? Ese gato que tanto ama… Se podría ir con el, no soporto sus maullidos ¡Ojalá dejara de verlos ya!
-Si, camino un rato. Puedes ir descansando, no te desveles ¡No puedo tocarte! Ya no deseo tu cuerpo, me cuesta tanto tener sexo aunque sea únicamente una vez por semana.
—Dale, Amor. Veo una peli hasta que vuelvas. Bueno, zafo por hoy…Me hago la dormida o le digo que estoy muy cansada. No se hasta cuando voy a aguantar sus manos en mis pechos, caderas y muslos. Eso; voy a estar profundamente dormida cuando llegues. ¿Cuándo podré salir de esto, cuando tendré el valor de enfrentarte a la verdad? Es que no quiero hacerte daño, pero no puedo sacar a Martín de mi cabeza…
Aplausos por favor: soberbias actuaciones; “Salvando a la pareja” o “Primero la familia” cualquiera de los dos títulos le vendría bien y después de todo no costó tanto.
Lástima que no sea una película.

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