domingo, 4 de abril de 2010

EL OMBÚ Y EL ÁNGEL SIN ALAS

Se erguía orgullosamente enhiesto. La satisfacción de su esencia se manifestaba en raíces profundas, asidas como garras al interior de la tierra. En la frondosa copa, refugio de almas cansadas de tanto devenir. En su savia tóxica que le otorgaba inmunidad a los insectos predadores de hojas.
De tanto mirar el cielo, reconoció al inquieto ángel sin alas que buscó cobijo en su tronco.
¿Por qué tus hojas no danzan la música que dibuja el viento mientras las mece? Dijo el ángel mientras bailaba alrededor del tronco.
¿Por qué tus bayas no se abren y expanden tu unicidad al infinito? Preguntó entretanto lo rodeaba en un abrazo casi imprudente.
¿Porqué el ceño y la actitud adusta, casi esquiva? Interrogó deslizando sus dedos por los surcos que vestían su piel de árbol.
Advirtió sedas y terciopelos en su corazón de madera. La miel se mezcló con la savia y las raíces sin medias percibieron el don más profundo que la tierra podía brindar.
¿Te vas a quedar? requirió la impaciencia del ombú.
-Hoy mi guarida, mi solaz está en tu copa. Mi destino, en ser la guarda de aquel niño que se llevó mis alas para desplegar su existencia.

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