sábado, 14 de agosto de 2010

PÉRDIDAS

Se desprendió sin que pudiera yo evitarlo. Sucedió de repente, mientras el asombro y la incredulidad ocupaban cada espacio de mi miedo. Mientras bajaba, mi cerebro funcionaba a mil, buscando razones. La segunda caída hizo que el dolor que provoca lo definitivo se estrellara en mis oídos. El tercer desgajamiento lo presentí, por tanto, acerqué mi mano y lo recibí suavemente. A la altura del cuarto derrumbe, solo buscaba soluciones para semejante devastación. Si el alma se retuerce de dolor, ese día la mía fue convertida en chicharrón por el aceite más caliente que el infierno. El suplicio invalidante dio paso a la idea de reparar el daño. Me convencí que un excelente dentista abriría mis encías y fijaría los dientes sustitutos. Uno a uno se habían derrumbado todos los dientes de mi boca.
Después de encontrar una posible reconstrucción al estrago bucal, me desperté con la boca abierta. Juro que fui feliz. Cada pieza dentaria ocupaba su sitio, y a pesar de empujarlas con los dedos, permanecieron en su lugar.
¿Tal vez mis pérdidas se volvieron dientes?
¿Encontré en las prótesis dentarias las respuestas a la angustia existencial?

1 comentario:

  1. Hola María! He tenido ese sueño en repetidas ocasiones y se perfectamente lo que se siente.
    Que rico se siente cuando uno despierta, ¿no? jaja.

    Bueno, un saludo.
    Gracias por compartir tu sueño.

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